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lunes, 7 de abril de 2014

Información, participación y aprobación

Un gobierno municipal decide realizar un proyecto; sin decir "agua va" comienza la construcción o modificación de cierto entorno; los vecinos de la zona desconocen qué se hará, generando malestar y rechazo, independientemente si la obra significa un beneficio real. Muchas veces las administraciones públicas -especialmente las locales- toman decisiones sin consultar, o informar a los vecinos de lo que implica cierta obra.

Por ejemplo, en días pasados, locatarios del Mercado Juárez en Tlaquepaque dijeron desconocer la intención del alcalde de demoler ese espacio, alegando un riesgo por ser un inmueble antiguo. No es objetivo de estos párrafos decir si es correcta o no esta acción, sino más bien, pensar en cómo sin la información necesaria a los "beneficiarios" de una obra pueden generar especulación, generando acciones reactivas al cambio.

En los últimos años, hemos vistos casos similares en Jalisco -me vienen a la cabeza el puente de Ávila Camacho y Circunvalación, o la ciclovía en Santa Margarita-, donde los vecinos -inconformes con los proyectos- se movilizaron para resguardar un derecho que en su percepción veían violentado.

Ante esto hay dos puntos importantes para tomar en cuenta. En primer lugar, no se toman en cuenta a la ciudadanía, generando muchas veces proyectos desde el escritorio, desvinculado de las necesidades reales de los beneficiarios. Abrir espacios para la participación social en proyectos donde se modifican dinámicas sociales y económicas de un punto de la ciudad genera apropiación, y pertenencia; la gente se involucra, cuida y promueve el proyecto. Normalmente ocurre lo contario. En segundo lugar, es evidente la falta de una verdadera estrategia -o intención, siquiera- para socializar el proyecto, y lograr la aprobación. Cuanta más información tenga un ciudadano, vea el sentido de la adecuación o el proyecto, mayor será el conocimiento que le permita una posición con mayores certezas.

En ocasiones se tiene temor desde la administración pública de abrir espacios a la opinión y la participación. Es un error pensar que con ello se genera "anarquía", o que se entorpecen los procesos. Hay que identificar -más bien- en qué punto el conocimiento cotidiano de las personas se pude mezclar con el conocimiento técnico, al servicio de las necesidades ciudadanas.